Los amigos y la fe, necesidades vitales

Los amigos y la fe, necesidades vitales

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

El aislamiento social a causa de la pandemia nos ha quitado mucho en diversos aspectos. Se está resintiendo la economía, deteriorando la educación, la cultura, la alimentación. Quisiera destacar también los vínculos de amistad y la práctica de la fe.

Los medios electrónicos, si bien nos permiten ciertos contactos, no suplen el encuentro, la mesa, los mates, el abrazo. Podemos estar informados de lo que sucede en la casa o el trabajo de los amigos, pero eso no suele acercarnos a lo que acontece en su corazón.

Varios sicólogos comentan que en este tiempo la angustia va creciendo en las personas, y se agrava cuando no tienen con quiénes compartir lo que sienten y viven cotidianamente. El encierro limita las posibilidades de encuentros sanadores, de esos que descomprimen el alma.

Muchos viven con una sensación permanente de soledad. Ahora que no podemos tenerlos, caemos en la cuenta de lo bien que nos hace con amigos compartir salidas, momentos festivos, eventos culturales o deportivos…

Pero, sobre todo, abrir el corazón y mostrarse tal cual uno es. Cierto que nos cuesta ser libres para descubrir nuestras debilidades, y acostumbramos reprimirnos por el miedo a no ser aceptados. Como me decía un amigo “a nadie le gusta mostrar la ropa sucia». Pero tampoco se muestra mucho “la ropa limpia” porque se teme no sea valorada como uno mismo lo hace. También es cierto que tenemos zonas en nuestro interior que permanecen ocultas incluso a la propia conciencia. En el fondo podemos decir que experimentamos bastante inseguridad en uno mismo y baja autoestima. 

Cuando encontramos con quienes poder mostrar la vida sin dramas, como quien da vuelta una media, eso no tiene precio. Es un gran consuelo poder bajar la guardia y que alguien se pasee por nuestro interior con respeto y ternura que sólo quien nos ama puede hacer. Mostrar las heridas sin miedo a ser juzgados, exponer los logros sabiendo que somos valorados sin engaños.

Mañana, lunes 20 de julio, se conmemora el “día del amigo”. En muchos lugares no podrá haber encuentros y celebraciones, o tal vez se reinventen con propuestas virtuales. Valoremos el tesoro de la amistad. Como canta la tonada sanjuanina: “La amistad es como el vino,/ mejor cuanto más añeja,/ una conducta pareja/ hace a los buenos amigos/ y son más dulces los higos/ de la higuera que es más vieja.”(Buenaventura Luna). Cómo valoramos los amigos a la distancia, y qué fuertes son los lazos que tejimos entre mates, silencios y palabras…

La Biblia con razón nos enseña que “quien ha encontrado un amigo ha encontrado un tesoro» (Eclesiástico 6, 14). Jesús valoró mucho la amistad. Por eso a sus discípulos en la Última Cena les había dicho “ya no los llamo servidores, a ustedes los llamo amigos» (Jn 15, 15). Él nos ama hasta el fin, y siempre tiene tiempo para acogernos en su corazón.

Providencialmente este fin de semana leemos el Evangelio del trigo y la cizaña, y la semilla de mostaza, tan pequeña como la cabeza de un alfiler. ¡Cuando crece llega a tener hasta tres o cuatro metros! Te aconsejo buscar algunas imágenes en internet para darte una idea de lo que nos quiere enseñar Jesús.

 

El miércoles pasado se dio a conocer una Declaración Conjunta redactada entre varios referentes religiosos de diversos cultos, titulada “Los derechos del pueblo argentino a relacionarse con Dios y practicar su culto en todo tiempo”. Te invito a buscarla en internet, aunque probablemente ya la hayas leído. Comparto los planteos realizados, y te transcribo unos párrafos. Se expresa, como lo sabemos, que en las normativas para enfrentar la pandemia “una y otra vez no se reparó en los valores espirituales y trascendentes que conforman el alma de la vida cotidiana de nuestro pueblo y que se expresan en creencias, prácticas de culto y ritos sagrados de distintos credos con sus milenarias tradiciones. Para la mayoría de los argentinos, el estado emocional depende de su relación personal con el Creador. Más aún, nosotros sabemos y proclamamos que la práctica de nuestros credos no son una actividad esencial, sino una necesidad vital para la población. Los sentimientos espirituales en el pueblo son tan importantes como la vida misma. Las religiones se abren al semejante y crean valores morales y éticos, al servicio del bien común y la amistad social”.

Es reconocido socialmente el rol solidario que las comunidades de fe desarrollan habitualmente, y de manera particular en esta emergencia. “Sin embargo, no deja de preocuparnos profundamente cómo se intenta invisibilizar a Dios. Aparentemente se lo ha corrido de la escena, como si la superación de lo que nos desafía solamente estuviera en manos de un estado omnipotente. No se lo menciona ni se lo tiene en cuenta, desconociendo que el nuestro es un pueblo de fe, y que es fundamental el apoyo de las comunidades religiosas para que el Estado pueda aplicar con éxito las medidas para enfrentar la emergencia”.

“Y por eso nos resulta difícil el aceptar que se postergue el rito religioso del vínculo del hombre con su Creador, mientras se habilitan otras actividades. Se deja así de lado el recurso más importante para quienes en sus convicciones de fe y raíces espirituales encuentran fortaleza, salud y esperanza.”

Según sea el modo de comprender al ser humano y sus vínculos vitales, son las medidas que se deciden.