“Fratelli Tutti”, animarse a soñar despiertos

“Fratelli Tutti”, animarse a soñar despiertos

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Cuando en un atardecer de primavera estamos sentados cómodamente bajo la sombra de un árbol, con un sol de fuego que baja sobre el horizonte, mientras percibimos el arrullo de los pájaros regresando a sus nidos, estamos en condiciones de dejar salir anhelos y deseos profundos. Seguramente, según las expectativas de cada quien, serán diversas las aspiraciones.

Pero hacerlo en medio de una tormenta que nos abruma es más difícil. Incluso podría decirse que, osado. Francisco se anima a compartir sus sueños en medio del caos que atraviesa hoy el mundo.

A veces, de tanto mirar paisajes se nos confunden los colores. Una cosa es pasar como turistas apresurados, y otra como visitantes tranquilos y sin apuros. La nueva Encíclica de Francisco, “Fratelli Tutti”, da para un abordaje sereno que nos permita rumiar sus afirmaciones y enseñanzas. Es bueno hacer una lectura rápida de algún resumen que podemos encontrar en internet. Pero si queremos apropiarnos de su contenido de fondo, es necesario detenernos en algunas imágenes que nos propone. Hoy voy a destacar solamente dos: la oscuridad y los sueños.

Francisco nos destaca que la sociedad globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. “Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia.” (12). Hasta “la conciencia histórica se hunde en las sombras” (13), y tenemos la experiencia de estar corriendo sin un rumbo común (31). Muchos se dedican a la siembra de desesperanza y se suscita la desconfianza constantemente (15).

Para medir esta sensación que nos quiere transmitir la Encíclica tengamos en cuenta que la palabra miedo aparece 20 veces, y sombras-oscuridad 4.

Incluso en medio de tantos avances científicos el Papa constata que “paradójicamente, hay miedos ancestrales que no han sido superados por el desarrollo tecnológico; es más, han sabido esconderse y potenciarse detrás de nuevas tecnologías. Aun hoy, detrás de la muralla de la antigua ciudad está el abismo, el territorio de lo desconocido, el desierto”. (27)

A modo de conclusión de esta primera imagen podemos coincidir con el Papa en que “un proyecto con grandes objetivos para el desarrollo de toda la humanidad hoy suena a delirio” (16). “En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Vemos cómo impera una indiferencia cómoda, fría y globalizada, hija de una profunda desilusión que se esconde detrás del engaño de una ilusión: creer que podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca”. (30)

No obstante estas constataciones, Francisco nos muestra que hay otro camino. Soñar en medio de la oscuridad y el miedo. La palabra sueño aparece 17 veces, y soñar 7.

Comienza a presentar esta idea al principio de la Encíclica evocando la figura de San Francisco de Asís. Él “había entendido que «Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios» (1 Jn 4,16). De ese modo fue un padre fecundo que despertó el sueño de una sociedad fraterna” (4).

“Porque san Francisco, que se sentía hermano del sol, del mar y del viento, se sabía todavía más unido a los que eran de su propia carne. Sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos”. (2)

Acudir a los sueños, acrecentarlos, suscitarlos es recurrente en el Papa argentino. Por eso cita un discurso suyo de 2019. Entre todos: «He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! […] Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos» ( Discurso en el encuentro ecuménico e interreligioso con los jóvenes, Skopie – Macedonia del Norte, 7 mayo 2019).

“Soñar juntos” también les pedía a los jóvenes en su Exhortación Apostólica dirigida a ellos.

La palabra de Francisco es alentadora. “Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos” (8).

“Sin dudas, se trata de otra lógica. Si no se intenta entrar en esa lógica, mis palabras sonarán a fantasía. Pero si se acepta el gran principio de los derechos que brotan del solo hecho de poseer la inalienable dignidad humana, es posible aceptar el desafío de soñar y pensar en otra humanidad. Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos” (127).

Yo me engancho en ese sueño.