El aborto inoportuno

El aborto inoportuno

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

En estos días me he preguntado cuáles son las razones para enviar ahora un Proyecto de ley sobre el aborto al Congreso de la Nación. Algunos motivos se explicitan, otros se callan o se niegan.

Hablando con un dirigente kirchnerista acerca de esta decisión del presidente Alberto Fernández, me dijo como justificación: “Es un compromiso de campaña”. A lo cual le respondí que también lo había sido la unidad nacional, crear fuentes de trabajo, terminar con la especulación financiera, mejorar la situación de los jubilados, tener la heladera llena… Como en ninguno de esos ejes hubo avances significativos, y más bien retrocesos, entonces, ¿va por el aborto?

En su primer discurso en el Congreso de la Nación el Presidente afirmó: “Vengo para unir a los argentinos y poner fin a la grieta que tanto daño nos ha hecho”. Si hay una cuestión que nos divide es justamente no cuidar las dos vidas: la mamá y el niño por nacer.

El argumento que hace dos años se levantó como bandera de quienes estaban a favor del aborto era la supuesta preocupación por la salud de las mujeres embarazadas. Pues es necesario reconocer que, después de la votación que rechazó ese proyecto en el Congreso, no se avanzó en esa dirección. Incluso a partir de las exigencias sanitarias de la pandemia se ha provocado un importante retroceso. Muchas provincias dicen tener el sistema de salud estresado, colapsado, agotado. En los Hospitales Públicos de esos lugares las embarazadas no logran siquiera una ecografía en los nueve meses.

¿Qué camas se piensan disponer? ¿Qué personal de salud no está sobreexigido y ha realizado ya gestos heroicos? ¿Les van a pedir un esfuerzo adicional?

El Papa insiste en que “¡Estamos todos en la misma barca!”. ¿Este proyecto refleja esta realidad? ¿No es una especie de abstracción y evasión de lo que preocupa a la gran mayoría del pueblo?

Durante estos meses de crisis muchos vieron diluirse lo conseguido con el sacrificio familiar de generaciones. Otros tantos debieron postergar anhelos y sueños legítimos. Innumerables hombres y mujeres han perdido el empleo y se les presenta un panorama gris y desolador. ¿Esta es la respuesta esperada?

Los pobres tienen la preocupación puesta en los riesgos de contagio, el hacinamiento, la falta de agua potable, la amenaza del dengue y la tuberculosis. Cuidemos la salud pública dando respuesta a las situaciones más urgentes.

Muchos funcionarios y militantes sociales dicen entusiasmarse con la vida y enseñanzas del padre Carlos Mugica, de monseñor Enrique Angelelli, de Jorge Vernaza, de los obispos Novak y de Nevares, del Papa Francisco, y otros muchos. Todos ellos han expresado un claro rechazo al aborto como camino de solución.

El deber del Estado es promover el cuidado de las dos vidas, siempre. La dignidad de madre e hijo, porque vale toda vida.