De poetas y locos, todos tenemos un poco

De poetas y locos, todos tenemos un poco

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

Este refrán español expresa una idea muy buena. A veces la cordura es un disfraz que esconde complicidad o indiferencia. Una especie de postura escéptica “prolija” que nos distancia de la mala fortuna de los desafortunados.

Hace pocos días el Papa Francisco participó de modo virtual del IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Te invito a dejarte cuestionar por el video mensaje, o por su transcripción.

Francisco comienza su mensaje como dirigiendo una carta: “Queridos Poetas Sociales. Así me gusta llamarlos, poetas sociales (…) porque tienen la capacidad y el coraje de crear esperanza allí donde sólo aparece descarte y exclusión. Poesía quiere decir creatividad, y ustedes crean esperanza”. ¡Qué mensaje tan cariñoso! Pensaba, ojalá se pueda decir esto de todos los hombres y mujeres de fe, ser creadoras de esperanza.

Los tiempos difíciles que atravesamos como humanidad son una oportunidad y un desafío. “Cada persona, cada organización, cada país y el mundo entero necesita buscar estos momentos para reflexionar, discernir y elegir, porque retornar a los esquemas anteriores sería verdaderamente suicida, y si me permiten forzar un poco las palabras, ecocida y genocida. Estoy forzando, ¡eh!”

“Muchas cosas que dábamos por supuestas se cayeron como un castillo de naipes. Experimentamos cómo, de un día para otro, nuestro modo de vivir puede cambiar drásticamente impidiéndonos, por ejemplo, ver a nuestros familiares, compañeros y amigos.”

“Todos hemos sufrido el dolor del encierro, pero a ustedes, como siempre, les tocó la peor parte: en los barrios que carecen de infraestructura básica (en los que viven muchos de ustedes y cientos y cientos y millones de personas) es difícil quedarse en casa, no sólo por no contar con todo lo necesario para llevar adelante las mínimas medidas de cuidado y protección, sino simplemente porque la casa es el barrio” (…)“Una de las expresiones de esta cultura de la indiferencia es que pareciera que este tercio sufriente de nuestro mundo no reviste interés suficiente para los grandes medios y los formadores de opinión, no aparece. Permanece escondido, acurrucado.”

“Este año, 20 millones de personas más se han visto arrastradas a niveles extremos de inseguridad alimentaria, ascendiendo a [muchos] millones de personas; la indigencia grave se multiplicó, el precio de los alimentos escaló un altísimo porcentaje. Los números del hambre son horrorosos. (…) Es posible que las muertes por año por causas vinculadas al hambre puedan superar a las del COVID. Pero eso no es noticia, eso no genera empatía.”

Ante esta realidad dolorosa no podemos quedarnos al margen, como si no fuera responsabilidad de todos. Francisco nos convoca: “Soñemos juntos, (…) porque en este momento no alcanza el cerebro y las manos, necesitamos también el corazón y la imaginación: necesitamos soñar para no volver atrás. Necesitamos utilizar esa facultad tan excelsa del ser humano que es la imaginación, ese lugar donde la inteligencia, la intuición, la experiencia, la memoria histórica se encuentran para crear, componer, aventurar y arriesgar. Soñemos juntos, porque fueron precisamente los sueños de libertad e igualdad, de justicia y dignidad, los sueños de fraternidad los que mejoraron el mundo. Y estoy convencido de que en esos sueños se va colando el sueño de Dios para todos nosotros, que somos sus hijos”. Qué falta nos hace preguntarnos qué nos está mostrando y pidiendo Dios en este tiempo; Él es el Padre Creador, principio de toda la vida del mundo. Nosotros sus hijos, todos hermanos… ¿lo vivimos de ese modo?

El Papa se adelanta a una especie de crítica escéptica: “ ‘Pero esas son cosas inalcanzables’, dirá alguno. Sí. Pero tienen la capacidad de ponernos en movimiento, de ponernos en camino”. Es importante dejar de lado posturas que implican claudicar en la búsqueda de los ideales más nobles que anidan en nuestros corazones.

También nos dice Francisco: “Quiero ofrecer algunas pistas. La Doctrina Social de la Iglesia no tiene todas las respuestas, pero sí algunos principios que pueden ayudar a este camino a concretizar las respuestas y ayudar tanto a los cristianos como a los no cristianos. A veces me sorprende que cada vez que hablo de estos principios algunos se admiran y entonces el Papa viene catalogado con una serie de epítetos que se utilizan para reducir cualquier reflexión a la mera adjetivación degradatoria. No me enoja, me entristece. Es parte de la trama de la post-verdad que busca anular cualquier búsqueda humanista alternativa a la globalización capitalista, es parte de la cultura del descarte y es parte del paradigma tecnocrático”. Suscribo totalmente esta afirmación.

A esta altura de las palabras del Papa Francisco me gusta pensar que de “poetas y de locos todos tenemos un poco”. Ojalá algo de esa lluvia nos moje también a nosotros y podamos seguir contagiando esperanza en tiempos de adversidades.