Vé, y repara mi casa

Vé, y repara mi casa

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

Ayer sábado 1 de septiembre, hemos compartido con hermanos creyentes de otras iglesias cristianas y otras religiones, una jornada de oración pidiendo perdón a Dios por todos los pecados cometidos contra la Creación, la casa común que el Padre nos regala para la alegría y felicidad de todos sus hijos.

“Repara mi casa” fue la consigna que Francisco de Asís escuchó de parte de Jesús, una invitación a reparar la Capilla San Damián que estaba destruida por el paso del tiempo. Pero muy pronto, el Santo de Asís, se dio cuenta de que la casa que tenía que reparar no era solamente aquel Templo de esas paredes y techos sino, la casa de Dios, la casa de la familia de los hijos de Dios, la Iglesia. Siempre necesitada de conversión, siempre necesitada de ser bañada y purificada por la luz del Espíritu Santo.

Y esta misma imagen de la casa es tomada por el Papa Francisco para hablarnos de la creación, un mundo que está pensado por nuestro Padre para ser morada de su familia. Una familia, una casa, un mismo Padre, un mismo amor, una misma fraternidad.

La casa de la Creación, la casa que es este Planeta, está amenazada. El cambio climático, que lleva al aumento de la temperatura en la Tierra, pone en riesgo la permanencia de hielos hasta hace poco considerados “eternos”, la contracción y reducción de los glaciares, la pérdida de masa polar con el consiguiente crecimiento en el nivel de los océanos y algunos ríos y la preocupante pérdida permanente de agua dulce que se va degradando. La extinción de algunas especies rebaja la biodiversidad.

Otro de los riesgos de la “Casa Común” tiene que ver con las contaminaciones de agua en distintos lugares del Planeta, no sólo en la Amazonia, sino también en el uso y abuso cotidiano. A esta falta de cuidado le debemos sumar el fomento de una actitud consumista que provoca lo que llamamos el “uso y tiro”: una especie de vorágine de desperdicio de recursos naturales y de alimentos que a otros les hace falta para sobrevivir.

Dejemos que las palabras del Papa resuenen en nuestro corazón: “es necesario escuchar el clamor de los pobres y escuchar el clamor de la tierra”, y que estos clamores nos llamen a la conversión del corazón y a tener estilos de vida más sobrios y acordes a los límites que tienen los bienes disponibles para todos.

           

Hoy domingo, está realizándose la peregrinación de los jóvenes, partiendo temprano en la mañana desde la Catedral hacia el predio en que se rinde culto al Beato Ceferino Namuncurá. El lema que guía a la peregrinación es el que estamos utilizando en la Diócesis en este tiempo para ayudarnos a trabajar juntos: “Somos un Pueblo que camina, anuncia y sirve”.

Esta es la edición número 40 de las peregrinaciones, que a lo largo de tantos años han convocado a jóvenes de la Provincia. Ponerse en marcha es una actitud que no sólo implica un traslado geográfico de un lado a otro, sino que requiere también de una actitud interior, salir de la casa, salir de lo conocido, salir de la propia comodidad, del individualismo, del egoísmo, para ponerse en marcha con otros. De este modo se expresa en nuestro camino la experiencia de ser comunidad, de ser Pueblo de Dios que va caminando hacia el encuentro del Padre.

Pero no sólo es un Pueblo que camina. Al mismo tiempo da testimonio de la fe que nos une, que nos alegra y ayuda a estar cerca de nuestros hermanos; de allí el paso al servicio. No basta la palabra si no es corroborada con el obrar coherente. Como dice la carta de San Juan: “no amemos de palabra, sino con obras y de verdad” (I Jn 3,18).

Les invito entonces a sumarse cada uno desde su lugar en la oración, para que podamos acompañar espiritualmente a tantos jóvenes de nuestra diócesis que quieren vivir con alegría la fe y hacerla testimonio en el camino cotidiano.

 

No puedo dejar de tener también una palabra sobre los episodios que nos han conmovido en estos días, acerca de esta presunta conducta de abuso de un sacerdote de la Diócesis. Pidamos perdón al Señor por todas nuestras fragilidades y esperemos a que la Justicia pueda determinar la veracidad de los acontecimientos. No juzguemos antes de tiempo y esperemos que el bueno de Dios pueda darnos la luz del consuelo y de la paz. Recen por todos los sacerdotes.