Proteger a los mas pequeños

Proteger a los mas pequeños

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

Hoy está concluyendo en Roma la reunión convocada por Francisco para tratar la cuestión del cuidado de niños, niñas, adolescentes y personas vulnerables puestos al cuidado de la Iglesia.

Fueron llamados a participar los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo y los Superiores Generales de varias Congregaciones Religiosas. Cerca de 200 personas.

El deseo del Papa es que todos los obispos tomemos conciencia de la gravedad y seriedad de las heridas que se provocan cuando se realizan estas atrocidades.

En las palabras de apertura el Santo Padre dijo: “Ante el flagelo del abuso sexual perpetrado por hombres de Iglesia contra menores de edad, he querido interpelarlos a todos ustedes, patriarcas, cardenales, arzobispos, obispos, superiores religiosos y responsables, para que juntos nos pongamos a la escucha del Espíritu Santo y dóciles a su guía escuchemos el grito de los pequeños que piden justicia. En este encuentro sentimos el peso de la responsabilidad pastoral y eclesial, que nos obliga a discutir juntos, de manera sinodal, sincera y profunda, sobre cómo enfrentar este mal que aflige a la Iglesia y la humanidad. El Pueblo santo de Dios nos mira y espera de nosotros, no solo simples y obvias condenas, sino disponer medidas concretas y efectivas. Es necesario que haya concreción” (SS Papa Francisco, La Protección de Menores en la Iglesia).

Francisco quiere compromisos y resultados concretos, que superen las declaraciones. Protocolos claros a implementar ante las denuncias de posibles abusos.

Es urgente trabajar en la prevención. ¿Cómo? Poniendo mayor atención en el inicio de la formación Sacerdotal, estableciendo con claridad los lugares adecuados para la confesión, la dirección espiritual, las actividades recreativas (campamentos, salidas, etc.), los Retiros Espirituales.

Hablar del tema también colabora en este sentido. Un indicador de la mayor apertura es que muchos se animen a hablar ahora de situaciones ocurridas hace décadas. No es sencillo remover heridas y verbalizar el horror experimentado. El miedo al rechazo, a la incomprensión, muchas veces paralizan el paso a la denuncia.

Los medios de comunicación pueden ser multiplicadores de luz donde hay tanta oscuridad si eligen desempeñar ese rol clave de colocar en la arena pública cuestiones tan íntimas, y que implican tanto dolor personal, con tratamiento de respeto y consideración a cada vida que ha sido vulnerada, salvo cuando no chequean informaciones o acusan con generalidades y sospechas.

 

No ha sido un encuentro para discutir cuestiones abstractas o teóricas. En el aula sinodal se escucharon también testimonios de víctimas que experimentan heridas profundas. Son golpes de reproche a la inacción, el ocultamiento, la complicidad del silencio. Al abuso se le sumó el desamparo y la negación.

También se pone atención en otros abusos, no sólo sexuales: el abuso de autoridad y la manipulación de conciencia.

Humillar, insultar, degradar, también deja marcas a quienes nos son confiados. Este tipo de violencia verbal también la encontramos en las casas: “¡No servís para nada!”, “¡para qué te habré parido!”… Y en la escuela, el club, la calle…

No es raro escuchar también situaciones de manipulación de conciencia, que intenta reemplazar la libertad y oprime de modo absorbente.

Un aspecto importante es llevar con seriedad las investigaciones para evitar juicios apresurados sin las instancias correspondientes de defensa para buscar establecer las debidas responsabilidades.

Un encuentro que Dios quiera nos comprometa a cuidarnos mutuamente para acercarnos con confianza al Dios que es Amor. Recemos por los compromisos que se asuman.

Durante estos días se han expuesto las llagas y pecados de ministros de la Iglesia, que ensombrecen a todos. Te invito también a dar gracias a Dios por todos los hombres y mujeres que consagran su vida a Dios, y que aun en medio de debilidades, hacen brillar la luz de la fe en la misión, el servicio a los pobres y en la vida contemplativa.