Una Fuerza imparable

Una Fuerza imparable

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo coadjutor de San Juan de Cuyo y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia. Él es quien impulsó a los primeros discípulos a la misión por todo el mundo conocido después de la Pascua. Es Quien hace que cada uno se reconozca a sí mismo como hijo de Dios, y a los demás como hermanos.

Si pasamos de largo delante de quien sufre, si vivimos en la indiferencia, es señal de que estamos “ahogando” la voz del Espíritu. En cambio cuando una persona, un grupo, una comunidad sale del encierro y está cerca de los pobres, allí anda el Espíritu moviéndose. Por eso San Pablo pedía encarecidamente a los primeros cristianos: “No entristezcan al Espíritu Santo” (Ef. 4, 30).

Nos cuenta el Evangelio de San Juan que el mismo día de la Pascua los discípulos estaban en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos (Jn. 20, 19), y apareciéndose Jesús en medio de ellos les dijo: “«Como el Padre me envío a mí, Yo también los envío a ustedes.» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo»”. (Jn. 20, 21-22).

Junto al envío está la efusión del Espíritu para poder llevar a cabo la misión, que no depende entonces de un empeño voluntarista, sino del dejarse conducir.

Además, es el Espíritu el que nos hace reconocer a Jesús como Hijo de Dios. San Pablo nos enseñó también que “nadie puede decir «Jesús es el Señor» si no está impulsado por el Espíritu Santo” (I Cor. 12, 13).

Desde el Bautismo somos Templos del Espíritu Santo. En el Sacramento de la Confirmación volvemos a pedir a Dios que nuevamente lo derrame en nosotros para ser testigos de Cristo Vivo. Él viene a renovar los corazones y comunidades, a impulsarnos a salir del encierro.

En la Solemnidad de Pentecostés de hace dos años el papa Francisco publicó la Encíclica “Laudato Si’, acerca del cuidado de la casa común”. En su oración al final, reza en una parte: “Espíritu Santo, que con tu luz orientas este mundo hacia el amor del Padre y acompañas el gemido de la creación, tú vives también en nuestros corazones para impulsarnos al bien. Alabado seas” (LS 246). 

 

Este lunes 5 de junio es el Día Internacional del Ambiente, instituido por Naciones Unidas. Busquemos crecer en el compromiso con el cuidado del Planeta. Hay oportunidades que son únicas. Este tiempo nos enfrenta a una de ellas. Algunas especies vegetales y animales se han perdido, y otros están en serio peligro de extinción. El Espíritu que está presente en este mundo nos trae el gemido de la creación. Todo el Planeta es creación de Dios, nos habla de su amor por cada criatura.

 

Para que surjan nuevos modelos de progreso, necesitamos «cambiar el modelo de desarrollo global», lo cual implica reflexionar responsablemente «sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones». No basta conciliar, en un término medio, el cuidado de la naturaleza con la renta financiera, o la preservación del ambiente con el progreso” (LS 194). Hace falta un cambio desde la raíz. Los parches y maquillajes solamente anestesian la mirada, como dice aquella expresión: “bailando despreocupados en la cubierta del Titanic”.Es imperioso “escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS 49).

 

El próximo jueves 8 de junio se cumple un nuevo aniversario de la oración convocada por Francisco en el Vaticano por la paz entre Israel y Palestina. Hoy también somos convocados, cada uno en su propia tradición religiosa a dedicar ese día a las 13 hs “Un Minuto por la Paz”. “Es una propuesta simple, masiva, testimonial”, indica la convocatoria, y recuerda una reflexión del papa Francisco: “Recemos esta tarde por la reconciliación y por la paz, contribuyamos a la reconciliación y a la paz, y convirtámonos todos, en cualquier lugar donde nos encontremos, en hombres y mujeres de reconciliación y de paz. Amén”.

 

El próximo fin de semana en todas las Parroquias y Capillas del país se realizará la Colecta Nacional de Caritas, con el lema: “Si ves en el otro a tu hermano nadie puede quedar excluido” (Papa Francisco). Seamos generosos con este pedido que tanto bien hace por la promoción humana integral de nuestros hermanos en toda la Argentina.