Las estrellas nos guían

Las estrellas nos guían

 

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

Entre los personajes que habitualmente están en los pesebres encontramos a los llamados “Reyes Magos”. En realidad el Evangelio de San Mateo (2, 1-12) los presenta como hombres sabios que vienen siguiendo una estrella desde lejos.

A esta fiesta que celebramos ayer la llamamos “Epifanía”, palabra de origen griego que significa “manifestación”. Se muestra así desde el inicio de la vida de Jesús esta destinación universal de su obra salvadora. No sólo es el esperado por el pueblo de Israel, el anunciado por los profetas, sino también el anhelado por todas las naciones. En estos personajes reconocemos a los pueblos paganos que no conocen a Dios, pero lo buscan con corazón sincero.

La estrella es un signo exterior de la luz que guía. En los Evangelios varias veces se identifica a la luz con Dios y Jesús dice de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas”. (Jn. 8,12)

La estrella que siguieron nos hace pensar que ellos no salieron sin rumbo, sin dejarse conducir. No se pusieron en marcha por propia iniciativa sino acompañados en la noche. Dios los fue llevando y ellos fueron dóciles. A lo largo de la vida vos y yo también andamos tras algunos sueños. Para eso es importante levantar la mirada y prestar atención a los signos que Dios pone en el camino.

Seguramente mucha gente vio esa estrella en el cielo, pero no le dieron importancia, o solamente se quedaron sorprendidos por un “fenómeno raro y bonito”. Desaprovecharon esa oportunidad. Pero el relato de San Mateo nos dice también que ellos fueron a preguntar qué decían las Escrituras acerca del lugar en el cual debía nacer el Mesías. Se contraponen dos actitudes: los escribas tenían “datos teóricos” acerca del lugar, pero no fueron a encontrarlo aunque les quedaba cerquita, en cambio estos hombres paganos recorren cientos de kilómetros, averiguan, se disponen a estar en camino. ¿No será esta también una advertencia para nosotros? A veces pienso que corremos el riesgo de “acostumbrarnos” a la fe y vamos perdiendo esta dimensión de búsqueda constante. Nos quedamos en teorías abstractas sin reconocernos como peregrinos.

También vemos cómo la fe une culturas diversas. La Revelación del amor de Dios y su obra salvadora no es propiedad de un solo formato cultural.

Cada etapa de la historia tiene su sentido particular para esa generación. Hoy también. Menciono algunos acontecimientos de estas décadas: el Concilio Vaticano II, las Asambleas de Obispos de América Latina y el Caribe, la elección del Papa Francisco, la canonización del Cura Brochero, las beatificaciones. Varias veces me he preguntado, “¿qué nos está queriendo decir Dios con estos sucesos?, ¿qué signos son y hacia dónde nos invitan a caminar?”. Es bueno no pasar de largo, que no se nos pierdan como algo más, y menos  aún, como más de lo mismo.

El Concilio Vaticano II en la Constitución Pastoral “Gaudium et spes” —que significa “los gozos y las esperanzas”— nos enseña que “para cumplir esta misión es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza”. (GS 4)

Y esto no es responsabilidad única de los Pastores, sino de todos los bautizados que formamos el Pueblo de Dios, la Iglesia: “El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas”. (GS 11)

 

Los anhelos más profundos del corazón humano vienen de Dios y claman por Dios, decimos los obispos (DA 380). Seguir el camino no siempre es apacible. Abraham, Moisés, el Pueblo de Israel, tuvieron que soportar fatigas y contradicciones. Varias veces enfrentaron la tentación de volver atrás. Pero siguieron caminando guiados por Dios.

Vos, ¿en qué caminos estás? ¿Cuál es tu horizonte? ¿Tenés anhelos o sueños que guíen tu vida?