Imposición de Palio Arzobispal

Imposición de Palio Arzobispal

HOMILIA DE MONSEÑOR EMIL PAUL TSCHERRIG. NUNCIO APOSTÓLICO EN ARGENTINA

Querido Mons. Jorge Lozano, Arzobispo de este Arquidiócesis de San Juan,Excelencias, queridos hermanos Obispos sufragáneos, Arzobispos y Obispos Eméritos, Hermanos Sacerdotes, diáconos, consagrados,

 Hermanas y hermanos en Cristo:

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Los saludo cordialmente en nombre del Papa Francisco, que en este acto de solemne entrega del Palio a su nuevo Arzobispo está espiritualmente unido a nosotros con su cariño y su Bendición Apostólica.

Como representante del Santo Padre les pido también recordar en su oración al Papa Francisco, que como saben, hace algunos días celebró el Aniversario de Plata de su Ordenación Episcopal como expresión de su cercanía filial al Sucesor de Pedro. .            

Como ya he mencionado: vengo hoy en misión especial para entregar; en nombre del Santo Padre Francisco, el Palio a su Arzobispo Mons. Jorge Lozano. Él lo ha recibido, en la Ciudad del Vaticano, de las manos del Papa el 29 de Junio pasado con ocasión de la fiesta de los santos Apóstoles Pedro y Pablo. Tal fiesta era, en el pasado, también el momento de la imposición del Palio a los nuevos Arzobispos Metropolitanos del mundo.

El Papa Francisco ha querido cambiar esta antigua usanza y ha dispuesto que el palio sea conferido al nuevo metropolita por el Nuncio en la sede de su arquidiócesis y con la participación del clero, los fieles y los obispos sufragáneos. Con este gesto solemne se quiere resaltar la íntima comunión que existe entre el Papa y los obispos y entre el Obispo, el clero, las consagradas y la comunidad entera de los fieles.

Como ya saben el Arzobispo Metropolitano preside una provincia eclesiástica que está compuesta por varias diócesis sufragáneas. En el caso de San Juan su Arzobispo es el metropolita de las diócesis de La Rioja y San Luis cuyos obispos nos honran hoy con su presencia (S.E. Mons. Marcelo Daniel Colombo y S.E. Mons. Pedro Daniel Martínez).

Según la ley canónica de la Iglesia, el nuevo Arzobispo elegido pide el Palio al Santo Padre como signo de la potestad de que se halla investido por derecho en su propia provincia en comunión con la Iglesia de Roma, que preside el Papa (cfr. can. 437). El Palio es así un símbolo eminente de la comunión fraterna que existe entre Mons. Lozano y el Papa Francisco.

Pero, ¿qué es, y qué más nos enseña el Palio? – El Palio es una banda de lana de unos seis centímetros de ancho, de forma circular, que se coloca sobre los hombros del arzobispo. La lana con la cual se confeccionan los palios es tomada de las ovejas de pocos meses de nacida~/ que se crían en el monasterio de Tre Fontane, lugar donde fue martirizado San Pablo. Es un signo antiquísimo que los obispos de Roma llevan desde e! siglo IV y puede ser considerado como una imagen del yugo que Cristo toma sobre sus hombros.

En concreto, la lana del cordero representa la oveja perdida, enferma o débil, que el pastor lleva a cuestas para conducirla a las aguas de la vida. La parábola de la oveja perdida,  que el pastor busca en el desierto, fue para los Padres de la Iglesia una imagen del ministerio de Cristo y de la Iglesia.

Todos nosotros somos esta oveja descarriada en el desierto que ya no puede encontrar la senda. El Palio indica primeramente que Cristo nos lleva a todos nosotros sobre sus hombros. Pero al mismo tiempo Él nos invita a llevarnos unos a otros. El Palio se convierte así en el símbolo de la misión del pastor. La Iglesia en su conjunto, pero sobre todo sus pastores han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con Cristo, hacia aquel que es el camino, la vida y la verdad.

Por la tanto, la característica fundamental del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está. Amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir.

El Palio es así el símbolo del pastor que tiende la mano a todos: a los ricos y los pobres, a los sanos y los enfermos, a los que están lejanos, solos y aislados, a los que viven en el desierto del abuso y de la adicción, a los que se encuentran en la oscuridad del abandono y que han perdido la esperanza de un futuro mejor.

Querido hermano Jorge, esta es su misión y este es el significado del Palio que ahora tengo el privilegio de imponerle en nombre del Papa Francisco. Que le recuerde siempre la inmensa dignidad de su misión. Que lleve el Palio con humildad y entrega y que sea un peso liviano sobre sus hombros. Pido al Señor Buen Pastor que lo siga acompañando con su Espíritu de sabiduría, fortaleza y Paz y que María Santísima lo acompañe con su amor de madree interceda ante su hijo para que su Ministerio sea fecundo.

¡Así sea! – Muchas gracias

 

PREDICACIÓN DE MONSEÑOR JORGE LOZANO

 

“Jesús llamó a los que quiso… para que estuvieran con él y enviarlos a predicar.”

¡Con muy pocas palabras San Marcos nos cuenta una realidad profunda!

Quiero comenzar dando gracias a Dios y a todos ustedes por los gestos de cariño y las oraciones que tanto bien me hacen. Por las palabras de aliento de estas semanas. Y gracias por venir en esta noche.

Al Señor Gobernador, funcionarios. A los legisladores nacionales y provinciales, a los representantes del poder judicial, intendentes departamentales. A los miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

A mi familia y amigos. A mis hermanos obispos de la Región Pastoral. Al Obispo vecino de la Arquidiócesis de La Serena de la República hermana de Chile, Mons. René Rebolledo Salinas. Al Nuncio Apostólico, representante de nuestro querido Papa Francisco. A mis “patroncitos” del Hogar de Cristo que siguen luchando por una calidad de vida cada vez más digna. A quienes se unen a esta celebración desde la Cripta de esta Iglesia Catedral y por la señal de Canal 4. ¡Muy bienvenidos!

En esta celebración estamos participando quienes somos diversos en vocación y misión.

Todos nosotros igualados en dignidad por el Bautismo que nos hace compartir la alegría de ser miembros de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. La vocación a la santidad es universal y de eso cada uno es responsable.

Los laicos llamados a la construcción del mundo según los valores del Reino, en la vida laboral, el estudio, la vida familiar. En la vocación política, social, sindical. Los agentes pastorales que participan en la construcción de la comunidad cristiana por medio de la catequesis, la liturgia, la caridad, la misión…

Los diversos movimientos e instituciones laicales. Los consagrados y consagradas, religiosos y religiosas que desde sus carismas enriquecen y dinamizan la vida de la Iglesia.

Los seminaristas, los jóvenes (varones y mujeres) que se preparan para consagrar la vida a Dios en el servicio a los hermanos.

Los diáconos que nos muestran el rostro de Jesús servidor.

Los presbíteros con quienes nos unen lazos espirituales y sacramentales, junto a quienes comparto la misión evangelizadora en toda la provincia.

Los obispos, sucesores de los apóstoles, llamados por Jesús para estar con Él y ser enviados a predicar. (Mc. 3, 13-14) En este pasaje del Evangelio se destaca que la vocación es iniciativa de Jesús: “llamó a su lado a los que quiso” (Mc. 3, 13) y la respuesta libre de los convocados que “fueron hacia Él”.

Misión y Comunión, comunión y misión, son inseparables.

Lo que es diverso se une no por voluntarismo sino por la fuerza del Espíritu Santo. No somos socios de un club, una mutual solidaria o una ONG piadosa.

Como la harina se une con el agua para darnos el pan, así el Espíritu Santo nos une a todos.

Gracias a su acción la diversidad no deriva en dispersión estando cada uno en su mundo, sino unidos para la misión, cada cual aportando su carisma para el bien de la Comunidad toda.

La comunión es con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Somos familia de la Trinidad, llamados a ser habitados y colmados del Amor y la Paz que vienen de Dios. Hablamos de una experiencia comunitaria (no sólo individual) lo que hemos tocado (juntos), lo que hemos visto (juntos), y lo que hemos oído (juntos) se lo anunciamos (juntos), para que nuestra alegría sea completa. (cfr. I Jn. 1)

La comunión y la misión son fuente y causa de alegría. Una Iglesia triste es una comunidad envejecida espiritualmente, que vive con las puertas cerradas sin dejar salir ni entrar a nadie. Si la comunión es para mirarnos las caras, o decir que somos los puros que no se contaminan con los demás, nos ahogamos y terminamos mordiéndonos unos a otros (cfr Gal 5, 15). Nos convertimos en esterilidad aislada.

Somos Iglesia en Salida para compartir Buenas Noticias. “Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y acrecentemos el fervor, «la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas […] Y ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo» [EN 80].” (EG 10)

Es una realidad concreta, no abstracta. Esta comunidad, este obispo, este sacerdote, este hermano, este esposo o esposa.

Debemos cuidarnos de la tentación de idealizar y racionalizar. “Una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta en la que podamos vivir una experiencia permanente del discipulado y de comunión con los sucesores de los Apóstoles y con el Papa.” (DA 156)

Las diversidades son legítimas y buenas. Puede haber miradas diversas, discusiones incluso fuertes como las tuvieron los primeros cristianos y las hubo a lo largo de la historia de la Iglesia. Pero sin lastimarnos. El obispo es principio de comunión fraterna para reunir a los diversos, para sumar a todos en la misma misión. Les pido que me ayuden a plasmar esta vocación. Jesús sigue diciendo “por favor vayan, salgan”. “¿Adónde, Señor?” “A las periferias.”

En la Iglesia corremos el riesgo de intelectualizar y diluir la fuerza de este llamado. “Ir a las periferias, ¿viene del griego o el latín? ¿Es ir o estar en las periferias? ¿Es para que la periferia sea el centro o traer la periferia al centro?” Como no lo entiendo, me quedo donde estoy.

Nos están esperando. A veces compartiendo reuniones de trabajo alguien mira el reloj y dice “me tengo que ir, me están esperando”. Ojalá podamos en cada comunidad darnos cuenta de que muchos aguardan nuestra cercanía fraterna, la alegría del Evangelio.

Nos están esperando. De la mano de María, madre de la ternura, y con el ejemplo de San Juan Bautista renovemos nuestro entusiasmo y fervor cristiano.

 

+Jorge Eduardo Lozano

Arzobispo de San Juan de Cuyo

Monseñor Jorge Lozano saluda a sus familiares.

Monseñor Alfonso Delgado y Monseñor Emil Paul Tscherrig, Nuncio Apostólico en Argentina