Hace un año llegué a San Juan

Hace un año llegué a San Juan

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

El 4 de noviembre del año pasado comencé mi servicio pastoral como Arzobispo Coadjutor en San Juan de Cuyo. Tengo recuerdos muy hondos de una celebración muy bonita, cargada de sentimientos: dejar la querida Diócesis de Gualeguaychú, despedirme de tantos hermanos e historias compartidas, para abrir el corazón y la mente a nuevos desafíos.

Necesité de entrada ponerle rostros a la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo. Empezar a conocer las historias de las comunidades, percibir la idiosincrasia de cada una, sus logros y fracasos, expectativas y anhelos. Poco a poco, una realidad geográfica se fue poblando de personas, familia, grupos… Una realidad dinámica, con sus procesos desplegados, sus caminos recorridos. Vida compartida y comprometida en la misión de la Iglesia.

Varios me preguntaban con ansiedad cuáles eran mis orientaciones pastorales y si iba a dar algunas directivas o fijar objetivos de trabajo. En realidad no es adecuado que esas decisiones las discierna yo solo en mi escritorio o con la participación de unos pocos. Por eso estamos conformando el Consejo Pastoral Arquidiocesano, para que hagamos ese camino con las diversas vocaciones, servicios, ministerios y carismas de la Iglesia en San Juan. Pero, como nos enseña el Papa Francisco, “el objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos”. (EG 31) La principal preocupación no es la estructura sino la vitalidad, no son los cargos y organigramas sino la fidelidad a la vocación. Son herramientas que pueden ayudar a fortalecer la Comunión y la Misión, pero los frutos no vienen de modo automático sino que hará falta disponibilidad al diálogo, apertura al Espíritu para discernir los signos de los tiempos.

Además, debemos reconocer que los horizontes ya están trazados con claridad. Los podría expresar con palabras del Papa: Iglesia en salida, pobre y para los pobres, que vive la alegría del Evangelio, y que nos convoca a ser discípulos misioneros de Jesucristo.

El Santo Padre ha puesto algunos documentos muy importantes en el camino de su Magisterio: “La alegría del Evangelio” (sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual);   “Laudato Si’” (sobre el cuidado de la casa común); “La alegría del amor” (sobre el amor en la familia). Y ahora nos convoca a centrar la mirada en “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

La tarea que tenemos consiste en ver cuál es nuestro punto de partida y el de cada comunidad. Desde dónde debemos partir hacia esos horizontes. Pido a Jesús me ayude a plasmar lo que enseña Francisco acerca de la misión del Obispo que “a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos”. (EG 31) Es una tarea artesanal para la cual contamos con el Evangelio, con la Gracia del Espíritu Santo, y con la sabiduría y generosidad del Pueblo de Dios.

Estamos transitando un tiempo apasionante en la vida de la Iglesia. Somos convocados, llamados juntos, para dar testimonio del amor de Dios.

Vuelvo a poner este tiempo en el corazón y la intercesión de tres grandes hombres que nos muestran el camino: San Juan Bautista, el Precursor de Jesús apasionado por la verdad; San José Gabriel del Rosario Brochero, enamorado de Jesús con su vida pobre y entregada; y el Siervo de Dios monseñor José Américo Orzali, el Buen Pastor de Cuyo, incansable en recorrer las comunidades y alentar la predicación de la fe.

El 2 y 3 de noviembre en Buenos Aires, participé del “II Diálogo de Alto Nivel de Ética y Economía. Finanzas sostenibles, trabajo digno y desarrollo inclusivo”. Entre las muchas personas con las que estuvimos compartiendo pareceres, tuvimos como eje el imperioso pedido del Papa Francisco de “escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” y planteamos la necesidad de expresar nuevos valores humanos que se reflejen en instancias superadoras en la economía y la política en diálogo permanente con la ética.

Esta semana que iniciamos tendremos la Asamblea Plenaria de los obispos de todas las diócesis del País. Te pido nos acompañes con tu oración. Y pongamos también en nuestras oraciones a las víctimas del atentado en Nueva York y a todos quienes sufren violencia en el mundo.