Esclavitud y trata de personas

Esclavitud y trata de personas

Extracto de la predicación del arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano.

Misa del Sábado 9 de febrero 2019 celebrada en el marco de la primera jornada del “Encuentro latinoamericano sobre Nuevas Esclavitudes y Trata de Personas – Juntos contra la Trata de Personas”. Concelebraron el cardenal Vincent Nichols, el padre Abel Padín, el padre Pablo Ordoñe.

“En Tu nombre echaré las redes. Vemos una desmesura entre aquello que somos y aquello a lo que somos llamados. De la pequeñez de nuestros recursos y fuerza, y todo lo que hay para hacer. De cómo tenemos que dejar de lado nuestros criterios humanos de experiencia para confiar en el criterio de Jesús que es el criterio de amor. Y ese criterio del amor es el que muchas veces nos lleva a hacer locuras, locuras por amor. Como los grandes hombres y mujeres que, a lo largo de la historia, nos han mostrado que la locura es la que lleva a expresar el amor. No hay un amor que sea racional. En el amor no se mide. Si medimos en el amor es que estamos haciendo cálculos. Sin duda tenemos que hacer cálculos de la comida que necesitamos, o de los recursos que nos hacen falta, pero hay momentos en nuestra tarea pastoral y en nuestro servicio a la comunidad en que los cálculos se derrumban. ¿Cómo podríamos graficar esto? Tal vez con lo que ocurrió entre David y Goliat. Muchas veces son sentimos así: como el pequeño David frente al gigante Goliat. Como el indefenso David frente al bien armado y pertrechado Goliat. Pero no es nuestra fuerza, lo sabemos, sino nuestra entrega generosa puesta en las manos del Señor y desde cada comunidad buscar generar a través del amor aquello que necesitamos para poder dar el fruto que Dios espera de nosotros. Dios nos ama y nos envía. Dios ama la profeta Isaías, que escuchábamos en la primera lectura, y lo envía. Dios ama a San Pablo pese a haber sido perseguidor y un pecador como él mismo dice, pero Jesús lo ama y lo envía: lo hace apóstol enviado. Jesús ama a Pedro y lo envía: ‘de ahora en adelante serás pescador de hombres’. No hay amor que no termine en el envío. Y si alguno de nosotros dice en algún momento ‘a mí Dios no me envió’ es como si estuviera diciendo ‘a mí Dios no me amó’. Porque Dios siempre que ama, envía. ¿A quién ama más Dios sino a su Hijo Único con amor eterno? Y lo envió. ¿A quién ama más Dios sino a sus hijos tiernos y pequeños? Y los envía. Y podemos decir, ¿a quién ama más Dios que a nosotros? Y nos envía. Nos reúne para enviarnos, para darnos una misión. Es más. Francisco va a decir ‘mi vida es misión’. No es una misión separada de la vida. No es una misión para dos horas por semana o para ocho horas por día. Una misión que nos toca el corazón y nos transforma entonces para enviarnos. Por eso, aun en medio de tantas dificultades, tan graves problemas y de enemigos tan fuertes nosotros nos reconocemos enviados por el Señor, hijos amados por Él, para ir y servirle en aquellos hermanos y hermanas que, desde su fragilidad, sufren la violencia, la opresión, la injusticia. Dios quiera que este Encuentra sirva para que nos alentemos mutuamente en este camino de la entrega de la vida a los demás. Dios quiera que la vida de cada uno de los hermanos, sea de cada uno de los que estamos aquí, sea también como un don que Dios me hace hoy en concreto para alentarme en mi camino de conversión. Escuchándoles a mí me conmueve la confianza, el amor y me llama a la conversión. A todos el Señor nos llama a dejar de lado nuestros criterios calculadores, como los de Pedro y los otros apóstoles, diciendo ‘no se puede’. Y nos llama para que volvamos a repetir la historia que es experiencia y ustedes mismos lo saben de compañeros de ruta que, en el nombre del Señor estamos dispuestos a retomar con fuerza la misión que Él nos encomienda. María, que fue fiel al Señor, que acogió la Palabra, nos ayude también a nosotros a hacer ese espacio en nuestro corazón, al Señor y a todos nuestros hermanos que más sufren”.